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jueves, 19 de diciembre de 2013

Duelo

jueves, 19 de diciembre de 2013 2
Qué puede rondar por la cabeza de un gallinazo
al descender al infierno salado
y ver un chorro marino despintar sus alas?
Qué debería pensar
mientras fornica su propia sombra
y desenfunda una mirada lapidaria
al nexo interminable entre las nubes y el ocaso
en ese sendero que cae boca abajo
apretando las olas?

Como la danza de un naúfrago innominable
sus pasos marcan una brecha perenne
que ni el invierno mismo tragaría
Y así sin más ni más, despedaza la carroña 
jugando con la discreción del eco vespertino
Como una alegoría a la sensualidad
la carne infecta mitiga su hambre
y la llaga en su vientre estalla
mientras el sol es empujado al mar.

viernes, 13 de diciembre de 2013

desear

viernes, 13 de diciembre de 2013 4
Tú eliges
si hacemos el amor
o hablamos del clima
del cáncer, los efectos del tequila
o la siesta matinal
de mil adioses
o recuerdos acumulados
de las cosas sin sentido
de algunos idiotas que nos odian
y otros muchos que nos odian más
de la pulcritud
y el libido incontenible
en tus senos, incluso en tus tobillos
Tu eliges si son párrafos
o guiños ensalivados
el bolígrafo o las sábanas vintage
en fin; si se trata de hacerlo
Tú eliges


jueves, 12 de diciembre de 2013

Pi tres coma catorce

jueves, 12 de diciembre de 2013 3
Florecerán diez mil días sin sueños
las barricadas caerán
y el ridículo alias será borrado
olvidado
Perecerán en llanto los miles de huérfanos
mendigando clemencia a la reina
los desposeídos, cientos ellos
sembrando huellas en el desierto
En tanto unos cuantos fariseos
aplastando alfiles
llevan a sus fauces las ilusiones rotas
Pararé de contar solo por hoy
Hoy es viernes por enésima vez.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Delirio

miércoles, 11 de diciembre de 2013 4
Este poema es de los peores
pero en el amor ...en fin ya sabes...
es decir, en el amor y el odio
Entonces me dispongo
entre lágrimas sanguinolentas
a descifrar desafiante
prometiendo para mis adentros
conciliar con mi angustia desmedida 
esforzarme por seguir desrimando
dedicando truenos al unísono
y dejar mis manos huir de mi
hacia esa ausencia que deja el nombre de Dios

jueves, 25 de julio de 2013

El niño de la nube

jueves, 25 de julio de 2013 5
El ruidoso ladrido del perro claramente palpable en el silencio de la noche lo despertó fastidiado. Mientras sus ojos se negaban a abrirse, dibujó mentalmente al viejo Fobia, el pastor alemán de 8 años de su pequeño hijo Max, lidiando con las silbatinas de la hojarasca en el jardín o quizás enfrentándose con alguna onomatopeya ambiental que no solemos descifrar. Imaginó también, en tanto despertaba con desgano, que esa algarabía canina se prolongaría el resto de la noche y al recordar que cada noche se repetía, de un brinco abandonó su cama y se dirigió hacia el jardín para echar un vistazo. Procuró abrir y cerrar con cuidado la puerta de su habitación para no despertar a su esposa.

No encontró más nada en el jardín, más nada que silencio ganoso de preguntar. El perro dejó de ulular y hasta la afónica superficie de la piscina era cómplice de esa intriga. La luna descollante se apiadó del cazador nocturno y le clarificó su camino. Pablo entonces rodeó el jardín desde el lado menos alejado, intuyendo de donde provenía el último suspiro de Fobia y sintió un miedo estremecedor. A unos metros delante suyo contempló a su perro, el cual yacía acostado en el extremo más oscuro del jardín mirando el cielo. Con el torpe y rígido andar de un cuerpo aún adormilado, Pablo se dirigió lentamente hacia el perro...

  Hey pequeño, ¿estás bien? exclama el hombre con singular alivio en un tono poco audible, casi para su fuero interno. Fobia tenía la mirada perdida y  el peso de su cuerpo reposaba sobre su costado como contemplando algo en el cielo. Pablo, ahora preocupado, se puso de cuclillas y manoseó rápidamente el torso del perro y pudo comprobar que no respiraba y tampoco se movía de ninguna forma. Fobia estaba muerto.
Permaneció Pablo unos segundos más, boquiabierto. Toda la dimensión del jardín parecía reducirse a lo que podría caber en una simple caja de zapatos, confinando su mente en blanco. Abandonó al perro y perplejo aún, entró a su habitación.

Pablo no pudo conciliar sueño, y pensó y luego no se movió, y luego se repuso y deambuló en su habitación y más luego se volvió a acostar sin poder dormir y nuevamente pensó, en la forma en que debía explicar lo sucedido a su hijo Max y en todas las posibilidades, burdas e inverosímiles del deceso de su querido perro. Y finalmente al amanecer decidió, en cuanto pensó y se movió nerviosamente, confesarle lo ocurrido a Eli. Se acercó a su mujer y le hablo cerca al oído intentando despertarla con sigilo en un siseo entrecortado y baboso, incapaz de disipar la angustia.

  Mi amor, es muy temprano, que sucede? le increpa Eli, en tanto gira hacia él con una apatía terrible, decidida a abordar  a su marido, tras ese extraño preámbulo. 
  Vi a Fobia en el jardín... ha muerto.
  ¿Estás  seguro de ello?
  Yo mismo lo vi, mientras dormías, escuche su acostumbrado ladrido y fui a verlo y lo encontré varado en el final del jardín, mirando el cielo afirmó Pablo en tanto Eli se reacomodaba mejor, mirándolo directamente.
¿No has notado que al igual que Max, Fobia también mira de manera inerte el cielo?
Carajo, son tonterías.
¿Tu que crees?
No se que pensar.
¿No sabes que pensar? 
No se que decir.
Espero hayas pensado en algo que decir a Maxle advirtió Eli. 

En la fracción de segundos que duro la tregua entre una respuesta y otra, un extraño ruido invadió la habitación, provenía del jardín o quizás de la calle. Era como un graznido muy grave. Tardaron una fracción más de segundo en ponerse de pie y salir presurosos a fisgonear coincidiendo sus miradas con un gesto conciliador.
Max divisaba algo del cielo con suma atención. Su brazo se mantenía en alto y su índice derecho señalaba hacia una formación de nubes que chocaban entre si, indispuestas. Mas nada que nubes pudieron ver, pero el niño insistía, levantando cuanto podía su dedo índice. A su costado Fobia parecía atisbar al cielo, aliado a su amigo Max en una perpetua postura vigilante.  

Sabedora de que todo era muy extraño y de que esa escena se repetía día a día -Max señalando al cielo y Fobia acompañándo- Eli hace un ademán a su marido para que este se acerque hacia el niño y ella decide ir a la sala de estar, al otro lado de la casa, a buscar el teléfono.
A cada paso acercándose, Pablo sentía un latido espectral, un miedo dos veces más funesto que el de hace algunas horas. Un fino roció se deslizaba sobre sus lentes tan apañados que apenas podía diferenciar sus pies danzando sobre el pasto y el crudo frió del alba entorpecía sus movimientos. Supone escuchar un nuevo ladrido, sobresaltado de repente, da un giro imprevisto que lo hace resbalar, e intenta sobreponerse sacudiendo el aire. Un sonido hueco delata su brusca caída y el espeso follaje se encarga de enmudecer el peso inerte de su vasto torso. Siente su cabeza inundada acompañada de un agudo dolor y fuertísimos tirones, como el de miles de grúas desperdigadas, jalándolo hasta despedazarle. 

De pronto Pablo perenniza su agonía mirando al cielo, divisando pequeños fragmentos de nubes empalmarse, formando siluetas híbridas entre halcones o águilas y en el centro de ellas un ave híbrida más grande que las otras en una postura imponente y con un ala más larga que la otra empuñaba victoria. Vio también que su hijo dejó de señalar y se sentó a contemplar a Fobia. Y vio que del borde de sus lentes goteaba sangre hacia sus ojos y oídos, emanando por doquier.

El ruidoso ladrido cesó de pronto y el cielo aguardó en vela.

lunes, 24 de junio de 2013

A solas

lunes, 24 de junio de 2013 2
Qué le digo a un corazón
cansado de tu depravación
que divaga en desconsuelo
con ímpetu clandestino
¿Qué se le dice luego del invierno
que endure su piel
e instigue su armonía
ahogándose en el silencio?

1. Que supone se hace débil
al escuchar tu sola voz
en el viento huidizo

2. Que supone nadar presuroso
rompiendo las olas
al ver tu espectro

3. Que supone brincar embelesado
despidiendo sus recuerdos
¿Qué?

viernes, 21 de junio de 2013

Abducción

viernes, 21 de junio de 2013 1
Dio un respingo inconsciente y se quejó internamente de dolor. Se halló a si mismo sumido en un extraño letargo, totalmente endeble. Buscó reponer el cuerpo a un costado pero le era imposible, sentía como si las costillas se le clavaran en los pulmones y de ellos el aire reprimido lo obligara mantener desesperadamente la boca cerrada y el cuerpo dolorido decúbito, en la misma posición. Nada en su cuerpo respondía al movimiento, y al menor intento de ello un agudo dolor lo estremecía. Con los ojos apenas abiertos y el juicio en torno a él nuevamente, logra mirar de soslayo lo que le permitía su posición: una ventana a su costado inmediato pegado a su cama, un trípode de dos metros con un suero colgando de el, una mesa metálica con una parafernalia médica. Frente a él, un cuadro en óleo con unas enormes montañas cromáticas y un rojizo atardecer tras de ellas, cabalgando un sereno lago con sus sombras, y unas siluetas flotando. A la orilla de ese lago lograba distinguir otra silueta más pequeña, de un hombre mirando del otro lado, o quizás era un pequeño árbol, distinto al sistemático y difuso arbolado del cuadro, entre grises entreverados en verdes muy oscuros. Se quedó mirando esa pintura un rato y creyó dormir luego.

Emanaba  luz a raudales de la ventana a su lateral izquierdo, formándose siluetas a lo lejos, cuyas sombras apenas desfiguraban la centellante luz y quebrantan su armonía. De una pequeña rendija entreabierta de esa ventana corrediza apenas más ancha que su cintura, se infiltraba un poco de aire. Era gélido y con el repulsivo olor de los hospitales, y se sintió un tonto de no advertirlo antes y abrió los ojos nuevamente. Miró para el otro costado y logra divisar  que su cama era una camilla en realidad en la cual apenas cabía, que llevaba puesta una bata mal atada a su cuerpo y que no tenía puesta ropa interior. No tenía heridas visibles y estaba muy, muy delgado. Viró los ojos todo lo que pudo y dedujo que la habitación tenía 4 o quizás 5 metros de ancho, una puerta cerrada por la esquina más alejada con una pequeña ventana en su parte superior, una mesa tipo escritorio a su lado, documentos tirados desordenadamente en el suelo, algunos llegando al borde de su camilla. Las baldosas del piso estaban cubiertas de una tela de polvo que solo presentaba surcos en su forma a una corta distancia de la rendija inferior de la puerta, dejando pequeñas hileras que describían un aislamiento singular y una agobiante sensación de vacío. Regresó la mirada a su cama y repasó nuevamente su cuerpo, tenía marcas de pequeños agujeros en su brazo izquierdo y esparadrapos despegándose de el. Deseaba más que nada abandonar ese cuchitril y volvió a dormir desesperado, creyendo evadir esa tediosa agonía, con la cabeza estallando, deseando recordar.

     —¿Debo pedir algo para beber? o puedo acompañarte con la mirada —dijo Ingrid—Y creo que deberías dejar de fumar—Agregó, con tono súbito, mirando la retahíla de humo saliendo de su boca. 
Fermín permaneció quieto, explayando sus pupilas, volviendo en si tras tener la mirada perdida en la perfilada nariz de Ingrid. Pensaba en como es que llegó a ese lugar, pensó en cómo había conocido a aquella mujer. Luego asintió con un leve movimiento de cabeza y aplastó el cigarrillo en el cenicero de la mesa, era de vidrio y tenía la forma de un flor de 5 pétalos. Volvió a mirarla fijamente.

     —En verdad tienes razón, debo dejar de fumar—respondió en un tono casi imperceptible para que solo ella pudiera distinguir y entender. Y creo que deberías pedir algo, es incómodo beber a solas aunque acompañado—agregó. —¿Quieres que vaya por una bebida?

     —Puedo hacerlo yo—concluyó Ingrid, se abalanzó lentamente de su silla sin dejar de mirarlo y se dio la media vuelta hacía la barra del bar, a unos 10 metros de su mesa. 

A Fermín le era imposible no contemplarla desde allí: el ajustado blue jean que llevaba puesto estilizaba su delgada pero contorneada silueta, llevaba unas enormes botas dejándola ver aún más alta de lo que era ya de por si y una camisa blanca que la hacía relucir de quien la rodeara. En cuestión de segundos mientras él divagaba abstraído, la bella Ingrid se sentó a su lado bruscamente, mirándolo fijamente separados apenas por el incómodo ángulo que formaban sus rostros y la mirada fría de ella le sonó como a megáfono ensordecedor.

     —Me cuesta mirarte a los ojos...¿Es la misma mirada que empleas para todos quienes acabas de conocer?le pregunta Fermín, tomando un sorbo de su cerveza y cogiéndose sus ralas barbas, nervioso.

     —Tu nivel de percepción es decepcionante—le dijo ella mirando siempre sus ojos, sin gesto alguno
     —¿Ves a aquellos tipos en la barra, el pequeño de la casaca negra dándonos la espalda y aquel del otro lado, encordado en su mesa hablando con la mujer rubia de su costado?—peroraba Ingrid mientras soltaba su tequila en la mesa y daba una mirada expiatoria al rostro de Bob Dylan a sus espaldas en un mural lleno de afiches y carteles vintage.

Durante algunos segundos Fermín se los quedó mirando, intentando responderse a que venía esa acotación. Y volvió su mirada en ella, dibujando un gesto bajo sus cejas y sobre sus labios indicando confusión.
     —Los veo, ¿Qué pasa con esos tipos?—cuestionó.

Ingrid se acercó a su costado para entonar algo que el bullicio del bar impediría entender, si no es de otra forma que al oído. 
     —Esos dos tipos se agarrarán a golpes en unos segundos.

Fermín sonrió insatisfecho y a la vez perplejo y aunque no lo demostrara, consideró lo que ella decía, osado. Pasó su mano sobre su frente y dejó posar el peso de su cabeza en su brazo acomodado sobre la mesa, mirándola fijamente, incrédulo.

     —Eso no tiene sentido—rezongó Fermín, arqueando sus labios, queriendo decir más.

Repentinamente mientras los planteamientos de Fermín lo sumían en la sinrazón, Ingrid le da un beso, igual de frío que cualquiera de sus gestos, pero igual de sensato y puro. Se pone de pie y se marcha sin decir nada más.

Permaneció quieto y boquiabierto. Los dos tipos de la barra sin motivo aparente se enfrascaron en una pelea que se esparció casi por todo el bar, todos peleaban entre si. Se levantó de su sitio presuroso y salió del bar, deseando encontrar a la excéntrica mujer de nariz perfilada y ojos demoledores. 

Fermín dio otro respingo y despertó. No puede discernir entre el sueño y el recuerdo, tampoco entre ficción y realidad. 

(...)

martes, 18 de junio de 2013

Sin ataduras de guión

martes, 18 de junio de 2013 1
La discreción del silencio vulnera
cómplice de cada muro
lo que esconde tu frío gesto
asediada por la ausencia
y la incursión de la brisa crepitante

Quieto estás mirando acrónico
padeciendo entre dilemas
que tus fobias procuran callar

Eres un lienzo que se deshace
que corroe tu alma
y despedaza tu esperanza
huyendo del abismo
abrazando la curva del exilio.


lunes, 13 de mayo de 2013

Gracias

lunes, 13 de mayo de 2013 1
El tiempo es severo contigo
las grietas de tu piel se ensanchan
tu cabellera palidece
El tiempo se detiene
el espacio se conjuga
la calma prevalece
El tiempo asciende fugaz
esparciendo tu fe
añorando la primera vez

Ese tiempo que se rehúsa
deambula corrientes contrarias
eclipsa el deseo
y raspa la niebla
Como el óleo
que se deforma a la distancia
o las olas
que disimulan bravura
y usted madre sigue
perenne allí
sosteniendo mi mundo
que rebasa de errores
y miles desgracias

Y acá estoy madre
que eres padre ausente
y aquí estoy abuela
que haces de madre 
lejos de ustedes
escribiendo sin ser leído
menos entendido
y mi mente vuela
y tirita al pensarlas
perpetuando lo vivido
deseando una tregua
entre ustedes y el tiempo

Mi mundo te confieso
puede mutilar mi cuerpo
puede descarriarme del resto
y ausentarme de todos
pulido de la casualidad
y aquejado por la negación
fluctuando entre olvidar
y perdonar
pero mi mundo reside en ustedes
porque ustedes son el uno
que confluye en ese milagro
que Dios apiadó regalarme

Donde el amor remplaza
la aflicción y la amargura
donde un abrazo
quiebra mi cascarón
una lágrima
seca mi fragilidad
y un beso
destiñe el carbón
que obnubila mi alma

A mi madre Anabel que prefiere le diga Ana y a mi abuela Cármen que prefiere le diga Mami. A ella que no entienden de etiquetas ni versos trillados. Con amor insuficiente y gratitud eterna.A ellas, mi mundo. 

lunes, 6 de mayo de 2013

Miserable secreto

lunes, 6 de mayo de 2013 0
Quisiera atrapar tu gesto astuto
sonriendo a las paredes
Beber tu puta calma
como las avenidas que confluyen
en el vacío escénico
Trabar ese jadeo mórbido
en el ápice del desvarío
y comer de tus pesadillas
lejos
muy lejos




martes, 23 de abril de 2013

De cuatro, cinco

martes, 23 de abril de 2013 2
Los ruidos de las sirenas descomponen el silencio de la noche reinante, la sinfonía del chispeo de la lluvia sobre la acera y la acera sobre las alcantarillas, rompen el espejismo que forma ese torrente y la única luz proveniente de la luna coquetea con ese misceláneo de centellas y estridencias nocturnas, llevando luces a cada frente de la calle y llenando de ruidos vacilantes el aire.La sombra del mirador que forma el segundo nivel de aquella vieja casona en la esquina, dejaba un cubículo seco bajo el cual empezaba a asomar una tenue luz delatada por la calma inmóvil de las sombras.

Lentamente, como la suave inmersión del olvido, Chris asoma su bota derecha en la pequeña abertura que deja la puerta, formando un pequeño umbral por el que se filtra una pequeña cantidad de agua de lluvia y de la luz lívida, logra divisar un último indicio que la negrura del pasadizo no dejó ver: un pendiente de oro ahora repleto de color escarlata, con forma de argolla del tamaño de un limón, anclado en la sangre fresca, a unos centímetros de la mano del occiso, entre el torrente de sangre y el agua turbia. Pero Chris decidió no tomarlo consigo, consideró que el hecho de abrir la puerta de manera torpe aunque sublime y haberse comprometido tanto con el asesinato no le daba lugar a nada más que escapar sin dejar a la deriva mas errores.

Sus treinta segundos ya habían finalizado y él seguía divagando entre salir corriendo por la puerta entreabierta, al tiempo que el agua seguía lavando el cuerpo ensangrentado o esperar un momento más.

El silencio se apoderó nuevamente de las calles, las sombras volvían a reinar y la luna se infiltró nuevamente para dar paso a una lluvia inmediatamente feroz, ese nuevo ritual no era incongruente a su turbada respiración. Se había disipado el último ruido de sirena, era casi imperceptible. Fue entonces que se decidió, abrió con más fuerza la puerta, esta vez sin importarle cuanta cantidad de agua se filtrase y cuando luz dejara en evidencia el cuerpo yacido y pálido. Miró de un lado a otro antes de cerrar lentamente la puerta, procurando entonar el mismo ritmo de la lluvia.

En dos pasos dio vuelta a la esquina y cruzó la avenida Harvey directo a los suburbios mientras pensaba en lo mucho que brillaba ese pendiente a pesar de posar en un charco de sangra y pensó: "no hay mayor desgracia para un zombie que saberse que se está muerto".

lunes, 22 de abril de 2013

Si mis recuerdos hablaran mentirían

lunes, 22 de abril de 2013 1
Te vi cabalgar en un estrecho
donde reposan los recuerdos
del jazmín decolorado
el cielo azul suplicio
y el moho postrado impaciente

Allí crecí sin raíces
y mis hojas se desvanecieron
bajo frutos trémulos
que caen de bruces
expuestos a las sombras
al sedicioso suspiro de la hojarasca
y sus carcajadas lúdicas

Tu frivolidad asoma astillada
cual ausencia desvanecida
en el olvido cauteloso
contados en treinta eneros
que difaman mi pluma coludida

Símil a la hoja seca que serpentea
aboceto una larga negrura
y visito tu pretérito cobijo
caigo en tu gélido regazo 
del cual apenas visto
el viento del olvido faculta arrastrar

Es lo que queda de mi
el invento de un error
el grito desgarrando el silencio
a la suplica de tu apología
que mi angustia calcina

Embriagado de la omisión
ansío amputar mi sudor
y huir entre aleteos
a la ruta de las horas marchitas
del llanto insolente
y la duda eterna

jueves, 11 de abril de 2013

Héroe antifaz

jueves, 11 de abril de 2013 0
Mis manos sostienen un castillo de naipes
alfombrado de ficción
y el pasado pulula, resonando como eco de arpías
el miedo, el desencanto y la alienación se conjugan
y me estampan enveresado bajo el suelo

Mis voces encerradas en palabras
como colores que se vuelven sepia
como llagas que colapsan
y nudos que arden clandestinos

Quiero arrancarlas de mi cabeza
esas piedras que vuelan
esas risas que se esconden
en surcos de fatiga

El tiempo se despide entre pesares
a la diestra de su resignación
¿Acaso soy distinto a un bolígrafo batiendo?,
al puente de mi ele en dieciocho versos
y todas sus letras bailando en círculos?


lunes, 8 de abril de 2013

De cuatro, cuatro

lunes, 8 de abril de 2013 0
1
Un espeso torrente de seda
púrpura cadavérica que quema
sobre negro gore yema
carbón humoso es lo que queda.

En colillas de Camel omitida
flotando transpone,  la gélida neblina
los erizados poros de su piel afligida
enfilados con torpeza tras la letrina.

Una tenue luz yacía sobre su faz
cual paramo estéril quizás
escapaba apenas una estela fugaz.

Mil pasos rodearon esa sinfonía
y un cartel "Pink Flamingos" relucía
la evidencia cruel de su agonía.

2
El pasadizo oscuro apenas vislumbraba
partículas de polvo resonante
el viejo mirador a tientas alumbraba.
como hechizo de luna asonante.

La débil silueta del occiso
dejaba una sombra de levedad
y a dos metros, el vintage piso 
acababa con brusquedad.

El cómo evade el porqué previsible
y el silencio era imposible
por el chispear de un fusible.

El olor a rancio que oxida
rebosante y refundida
le permiten la alarma remitida.

3
Los pasos de Chris se detienen
y sus ojos pardos no contienen
el espanto en su rostro, deformado
de tono aplacado e inventado.

Dos de tres posibilidades se desechan
a la vez que las sirenas lo acechan
abrir el pórtico a dos metros de su derecha
relampagueando azules y rojas luces bajo su brecha.

Una única salida en menos de treinta segundos
la escena en fotogramas escalados
y una evasión a pasos forzados

De seis rastros de balas, solo dos lo abatieron
las huellas con el homicida corrieron
la lucidez  y el deseo con el viento huyeron.

4 ...

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